lunes, 19 de enero de 2009

microchips

Microchip o como ensuciar una buena idea
Los socios han podido advertir la controversia y malestar que ha ocurrido en el Kennel Club con la exigencia que se ha impuesto a todos para la identificación de los perros, a través del microchip. Denuncias de abuso y cobros excesivos son el comentario recurrente por estos días, y es tema obligado de la conversación habitual, postergando los que son parte de la esencia del Club como el resultado de las exposiciones, el ranking, la crianza, etc.
La identificación de los perros es siempre necesaria y en realidad, el microchip viene a reemplazar la práctica anterior del tatuaje, que a algunos les resulta casi troglodita por el efecto doloroso en los pequeños cachorros que deben sufrir esta agresión en sus orejas o en el vientre. Hoy día la identificación de los perros en la mayoría de los países avanzados se hace con este medio, moderno y menos agresivo, acorde también al avance en los temas ecológicos y de respeto por la naturaleza.
Sin embargo, el microchip no representa una garantía diferente al tatuaje para temas de acreditación de los reproductores o incluso, que los cachorros de una misma camada sean propios hermanos. Esto queda siempre en el marco de la ética de cada criador, y eso no se resuelve con el sistema de tatuaje o implantación de cualquier identificador. Solo es posible saber el origen de un ser vivo a través del examen de ADN y esto no tiene nada que ver con el microchip. Lo otro queda en el marco de la fe y confianza que cada criador representa para quien pretenda adquirirle un cachorro.
Aclarado esto, queda entonces el marco de utilidad del microchip solo a acreditar la identificación de ese ejemplar en particular, por lo que se elimina el peligro de la suplantación en cualquier caso en que intervenga el perro, sea que se trate de una cruza como de una exposición. Pero siempre y cuando el lector verifique el número del chip, o sea, que alguien compruebe esa identificación. Es lo mismo que a todos nos ocurre cuando realizamos una diligencia en que debemos acreditar nuestra identidad y debemos exhibir nuestro C.de I.
El microchip es, entonces, y no más que eso, el carnet de Identidad de los perros y su utilidad es la acreditación de cada cual en las actuaciones que le corresponda participar donde el Kennel Club tenga ingerencia.
¿Y donde el Kennel Club tiene ingerencia en la vida de los perros?
Basicamente en 2 aspectos:
1.- En el registro de su inscripción al obtener el Pedigree.
2.- En la participación en Exposiciones.
Por lo tanto, es en estos eventos en que el Kennel Club debe acreditar la identificación de los perros. Si se quisiera actuar en la verificación de las paternidades, el Kennel Club tendría que disponer de veedores para cada cruza que se anuncie, y eso es imposible, al menos en las actuales circunstancias humanas y materiales que se dispone.
Teniendo en cuenta lo anterior, el Kennel no ha cumplido con eficacia la labor identificatoria.
En primer lugar porque las denuncias que se han formulado se refieren a las implantaciones de microchips en cachorros por parte de sus criadores, cuestión altamente irregular y que vulnera el derecho constitucional de cada persona, puesto que a nadie le está obligado a inscribir un perro en los registros del Kennel. Es obligatorio solo para quien desee tener su pedigree.
En segundo lugar, no ha acreditado la identificación de los perros que participan en las exposiciones, con lo cual la situación es exactamente igual a lo que había antes de este plan, es decir, que un perro pueda ser suplantado por otro.
¿Para qué entonces tanto afán en implementar un sistema cuyo fin último no se aplica? ¿Cual es la motivación real y efectiva que está detrás de esto?
Naturalmente, las respuestas que cada cual se formule caen en el escenario oscuro y turbio que produce la falta de transparencia y lo peor, es que esto también afecta a personas que poco o nada tienen que ver con las irregularidades y que actúan con un sentido de lealtad a sus propias convicciones poniendo al servicio de la comunidad sus conocimientos y habilidades. Son los jóvenes profesionales veterinarios que han sido invitados a participar en la implantación de los dispositivos y quienes en este momento están vinculados a esta poco clara situación. No se merecen esto.
Es otro tema que es urgente resolver, porque de paso, se está ocasionando un grave daño a la actividad cinófila, ya que los particulares están siendo desincentivados a inscribir sus cachorros en el Kennel Club, por el alto costo que les significa la implantación de los microchips.
Así es como esta buena idea se ha ido deteriorando y aparece ante la comunidad desperfilada de su principal utilidad, asociándose a propósitos más relacionados con actividades particulares de orden lucrativo que con un beneficio institucional.

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