Estimados socios: Me interesa compartir con Uds. la reciente experiencia que me tocó vivir en nuestro Club, al ser citado por el Directorio con relación a la carta que le envié a Pericles Periclín en la que le manifesté mi opinión a sus comentarios sobre temas que están ocurriendo en el Club.
No quisiera abordar los términos de la correspondencia, por que eso es materia del pasado y que por lo demás todos Uds. conocen pues nuestro incógnito y entretenido Pericles se encargó de difundir. Me interesa el tema de fondo, y que ha inquietado al Directorio. Al parecer, le preocupa sobremanera que yo haya dado mi apoyo a lo expresado por Pericles, asumiendo que ello involucra hacer propio sus palabras y conceptos, con lo cual estiman que soy Pericles Periclín.
En primer lugar, resulta del todo insensata tamaña pretensión. Le dije a Pericles que en mi estilo para comunicar mis ideas, inquietudes, reclamos o propuestas no estaba el anonimato, pero que entendía que si el tenía que ocupar este método, seguramente se debía a la situación que se vive en el Club en que la persecución y represalia a quienes discrepan es ya habitual.
El hecho que el Directorio me haya citado, es la demostración de esa práctica. ¿Es que no se puede tener una opinión disidente del Directorio? ¿Es que solo se permite la adulación a los actos oficialistas?
Puede que no esté de acuerdo con todo lo que dijo Pericles, pero aún estandolo, ¿por qué eso va a ser motivo de preocupación del Directorio? ¿No saben acaso que he sido firme opositor a su manera de conducir el Club, por que no veo transparencia en la gestión ni que se esté administrando en beneficio de los socios?
La libertad de opinar es un derecho constitucional para todos los ciudadanos del país. Es una garantía que nadie puede conculcar. Pretenderlo hacer es una inequívoca señal de falta a la democracia y al respeto por la libertad personal. El Club es una Corporación de Derecho Privado que reúne a una diversidad de personas y los propios estatutos establecen libertad de opinión, sexo y religión, por lo que a nadie se le puede prohibir expresar sus ideas, con la sola excepción de no provocar grave daño a la Institución. Es por lo demás la única forma de poder crecer en la diversidad. Lo contrario es propio de los cementerios o de los regimientos.
Como dijo alguna vez Voltaire: "Estoy en total desacuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarlas". Eso es grandeza y parece ser que es lo que falta en el Directorio del Club.
Hemos caído ya demasiado bajo, y si queremos evitar el total desastre, tenemos que desprendernos de los lastres que impiden nuestro vuelo. Si no es por las buenas, será por la legal.
Jorge Guzmán
lunes, 26 de enero de 2009
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